Reflexión del Evangelio
Te apareciste de nuevo a tus discípulos a orilla del lago de Tiberíades. Ahí les preparaste de comer un pescado que Tú mismo habías cocinado en las brasas. Con este hecho, les mostraste que también al evangelizar se disfruta comiendo todos juntos en comunidad. Señor, enséname a compartir la alegría de tu Buena Nueva a mi familia y amigos. Que no pase desapercibido el amor que nos muestras con tus detalles de ternura en hechos sencillos, como el de una invitación a almorzar. “Jesús, se acercó, tomó el pan y se lo repartió. Lo mismo hizo con los pescados” (Juan 21:13).
“En la Eucaristía se comunica el amor del Señor por nosotros: un amor tan grande que nos nutre de sí mismo, un amor gratuito siempre a disposición de toda persona hambrienta y necesitada de regenerar las propias fuerzas. Vivir la experiencia de la fe significa dejarse alimentar por el Señor y construir la propia existencia no sobre bienes materiales, sino sobre la realidad que no perece: los dones de Dios, su Palabra y su Cuerpo. El alimento que nos nutre verdaderamente y que nos sacia es solo el que nos da el Señor” (Papa Francisco).
¿Qué enseñanza podemos llevar a cabo de este hecho concreto de Jesús al preparar el desayuno a sus discípulos? ¿De qué forma expreso detalles de amor a mi familia y amigos? La presencia de Jesús en nuestra vida nos debe llenar de esperanza. ¡Aleluya ©LPi
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